MK – Mirarse a uno mismo

Este Mikrokode sigue al de la mirada periférica, porque una vez levantada la mirada y situados en el contexto, es el momento de averiguar sobre uno mismo: cómo estoy, cómo me siento, qué estoy pensando, etc…

Mirar adentro hacia nuestras tristezas y alegrías tal y como las sentimos en este momento. Dejar que nuestra atención sea arrastrada hacia donde la están llamando a gritos, como los pajarillos hambrientos reclamando la comida de la madre, de forma espontánea, sin un plan trazado, ni estrategia, ni intención alguna.

Un dolor de cuello, enfado, cansancio, alegría, …, ¿de qué va hoy? ¡Atrévete a poner un nombre a lo que percibes! Uno o varios nombres, que no sea por falta de precisión.

¿lo tienes? ¡¡¡Bien!!! Sea lo que sea, ¡bien hecho! Ya tienes tu primera “selfie” (auto-retrato).

Mirarse a uno mismo

Mirarnos a nosotros nos aporta “feedback” es Biofeedback, que dirían los anglosajones, información sobre los efectos físicos y emocionales de cualquier cosa sobre uno mismo.

Por ejemplo, si decidimos ir a dar un paseo, es necesario que seamos capaces de averiguar, los resultados que el paseo nos ha procurado. Puede ser mirando la báscula, el latido del corazón, el buen humor que se nos ha generado tras hablar con la gente que nos hemos cruzado, ¡lo que sea! Tras el paseo tenemos que ser capaces de mirarnos a nosotros mismos, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados.

Si tenemos miedo a cerrar los ojos porque lo que sentimos no nos gusta, porque nos asalta la sombra desde dentro; podemos cerrar tan solo un ojo e irnos acostumbrando a la mirada interior. Respirar y airear el patio, si no somos capaces de entablar una relación amistosa con la sombra y escuchar lo que nos dice, no haremos una buena foto, un buen auto-retrato.

A veces la foto nos la hace otra persona y no nos gusta cómo ha quedado, ¡pues nada! vamos y le pedimos a un tercero que nos haga otra. Igualmente si nos gusta la primera es bueno pedir una segunda, la mirada del otro nos aporta matices. Mirarse a través de los ojos de los demás nos complementa, pero recordemos que no siempre tendremos gente disponible a nuestro alrededor a veces tan solo contaremos con nosotros mismos.

Mirarse a uno mismo es la brújula en el camino. Nos prepara para el siguiente paso, nos muestra dónde estamos, cómo de desviados o acertados nos encontramos. Bien sea al inicio de un nuevo recorrido, como en la mitad del trayecto. Al finalizarlo y también cuando hemos decidido dejar de recorrerlo.

O simplemente cuando no hay recorrido y tan solo hay un estar continuo.

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